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Gabriela Martínez
Gabriela Martínez

La fuerza sale de mi familia, solo de ellos. Convivimos. Me gusta salir con mi mamá, siempre salimos a comprar cosas, ropa”: Gabriela

 

 

Por Elizabeth Santana

 

 

Gabriela Martínez vive en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, y tiene 41 años de edad. En 2015 fue la primera persona con Síndrome de Down en obtener un crédito del Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit), y en 2018 publicó su libro “El vuelo de una mariposa”. Actualmente continúa trabajando en una pizzería en el área de atención al cliente en el mostrador, labor que le permitió precalificar y obtener el puntaje para adquirir un departamento. “Fue difícil porque me discriminaron. No me dejaron firmar unos papeles que yo quería. Pedí ayuda a mis papás. Ellos saben. Sentí impotencia … estaba enojada y molesta. Me alejé y seguí trabajando”.

 

Aunque inicialmente una promotora social dijo que no existía problema alguno en que tramitara su crédito, y cumplió con los requisitos para el expediente, al momento en que tenía que firmar las escrituras en la notaría y la vieron, dijeron que ella no tenía derecho. Entonces Gaby y su familia partieron a denunciar el hecho al Infonavit, donde les explicaron que la ley es la que les estaba prohibiendo su crédito, “no somos nosotros, las personas con Síndrome de Down deben tener un tutor nombrado por un juzgado”. Para continuar con el caso debían buscar un abogado que a su vez pediría estudios de especialistas para determinar que ella no tiene capacidad jurídica. Agradecieron la información y se resignaron.

 

El Infonavit les llamó para explicarles que había un programa llamado “Hogar a tu medida” que es para personas con discapacidad y que ahí podían meter a Gaby, esa fue la ventana que le permitió obtener su crédito.  Llevaron a cabo un juicio de interdicción, un proceso que duró dos años para obtener todos los trámites, así su padre obtuvo el reconocimiento como tutor permanente y definitivo para representarla en todas las instancias legales. Entonces obtuvo su crédito y departamento. No obstante, al año de tenerlo sucedió un sismo que le ocasionó daños, el crédito quedó cancelado y se le otorgó una compensación. Gaby no buscó otro, ya había logrado lo que quería: “Que se cumpliera mi derecho”. Para sus padres esta justicia comienza desde casa, con apoyo, atención y amor.

 

Gaby lo expresó así: “Las mujeres deben ser ellas mismas y ser fuertes en lo que hagan. Me gusta mucho escribir, es mi pasión y me gustó escribir mi historia. Tengo libretas porque me gustan mucho y también paso tiempo en la computadora. Esta pasión lleva mucho tiempo. Desde mi adolescencia. Escribo canciones románticas. La presentación de mi libro fue una experiencia muy bonita, llegó gente, me hizo bien. Me sentía feliz. Nunca voy a dejar de escribir. Escribo todos los días cuando regreso del trabajo. Todo lo que hice por mi libro y en lo que me inspiré fue mi tío Jorge. Él quería que yo escribiera mi libro y me quiere mucho. Me impulsó. Me decía muchas cosas bonitas para que yo escribiera. Quiero que las mujeres sean valientes”.