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Margarita Alvarado
Margarita Alvarado

Me inspira la gente. Me buscan, los escucho y traduzco -de náhuatl a español – y también del doctor al paciente, les explico las recetas”: Margarita

 

Por Elizabeth Santana

 

Margarita Alvarado es una enfermera auxiliar de salud de 67 años de edad. Es casada, tiene cuatro hijos, y posterior a criarlos, inició su trayectoria. Huitzotlaco se ubica en el Municipio de Atlapexco, en la Huasteca Hidalguense, y cuando tenía 28 años vio una necesidad. “Aunque la localidad era visitada por médicos no existía quién llevara un reporte. Bueno, sí, pero no le gustaba trabajar, entonces fui y abrí esa casa de salud para atender embarazadas y niños. Iba a cambio de nada, entonces el delegado me designó, comencé a trabajar en mi comunidad”. Pero visitó más localidades, como Atlapexco, donde traducía náhuatl a español.

 

Ella aspiraba a cursos de capacitación en enfermería para tener una constancia, y aunque constantemente le fueron negados, accedió a algunos. Posteriormente una autoridad de Pachuca supervisó su trabajo y le dijo que merecía una clínica en su comunidad, pero Margarita no tuvo dinero para viajar a la entrega de su plaza y la perdió. Así continuó como voluntaria, hasta que hizo un examen y la designaron como Supervisora de Auxiliares de Salud. Y así comenzó a nombrar a una auxiliar para cada comunidad que ella recorría donde no había médicos. “Llegaba a vacunar niños, hacer curaciones y capacitar en primeros auxilios”.

 

Pero para llegar de Atlapexco al Municipio de Yahualica, por ejemplo, tenía que llegar caminando, no había transporte, “llegábamos un lunes en la mañana y después me iba, tenía que visitar 12 comunidades, diario visitaba una, me dormía ahí y después mi comité de salud me llevaba a otra comunidad. Lo más difícil ha sido trasladarse. Caminar y caminar, ir por carretera o por vereda, porque hay comunidades a cuatro o cinco horas, y hasta de seis horas”. Pero para ella no importa, incluso si está lloviendo, porque sabe que la gente la está esperando, hacía/hace un calendario y lo pega en la clínica para que sepan dónde está.

 

Margarita carga algunos medicamentos pero también usa la medicina tradicional, en su comunidad la tuberculosis es aún una enfermedad frecuente, y recuerda con orgullo las labores que desempeñó tras el paso del Huracán Diana, cuando tras derrumbes y falta de luz socorrió aplicando vacunas a niños. “Siempre me gusta hacer las cosas bien. Mi familia me apoyó mucho porque yo me quedaba en las comunidades, donde anochecía ahí me quedaba, me entregué a la gente, pero yo les platicaba -ando trabajando para que ustedes sigan adelante y estudien-“. Hoy dos de sus hijas son enfermeras, una es maestra, su hijo es ingeniero petroquímico y su esposo continúa dedicándose al campo.

 

“En mi trabajo llegan personas que hablan en náhuatl y me gusta traducirlos, muchas veces por no saber hablar español mienten y no dicen lo que sienten, no saben decirlo. Hay que hablar con ellos y que confíen en una. Solamente así se curan. Quisiera que más personas sientan ese amor a su trabajo, la gente nos necesita”.