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Bertha Cruz

Bertha Cruz

“Mi poder interior es mi hija, es el motivo de toda mi vida y actos, pero la razón social del empoderamiento de la mujer, también”: Bertha     Por Elizabeth Santana   Bertha Cruz vive en Zinacantán, Chiapas, es psicóloga y representa a la estancia infantil Nchetik que tiene 11 años de existir. “Presenté la […]

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Mi poder interior es mi hija, es el motivo de toda mi vida y actos, pero la razón social del empoderamiento de la mujer, también”: Bertha

 

 

Por Elizabeth Santana

 

Bertha Cruz vive en Zinacantán, Chiapas, es psicóloga y representa a la estancia infantil Nchetik que tiene 11 años de existir. “Presenté la documentación, apliqué a la evaluación y me dieron el resultado, prácticamente ese día quedó autorizado y posteriormente comencé a trabajar. Era soltera y no tenía hijos”. Pero antes, hizo diversos estudios y una especialidad, todo abocado a equidad de género, por lo que incluso cuando logró entrar a trabajar al DIF Regional visitó comunidades debido al auge del tema de violencia intrafamiliar. Ello, previo autorización de los hombres, pues existieron comunidades donde se les negó y prohibió el paso, mientras que en otras ellos testificaban que se les decía a ellas.

 

“Les comunicábamos sus derechos y decíamos que no es normal ser violentadas ni vivir en sumisión de un hombre”. Fue un reto en el que el DIF le abría las puertas pero en donde su lengua, el tzotzil, fue imprescindible para comunicar. Y a partir de este proyecto generó cercanía con más mujeres. Pero renunció al DIF e inició su actual Comunidad Educativa y de Atención Infantil. “La idea principal fue que las mujeres tuvieran donde dejar a sus hijos para que ellas pudieran trabajar, porque uno de los aspectos que hace que una mujer sea violentada es la dependencia económica. Y por cuestión cultural y de educación, antes muchas mujeres no planificaban, ahorita ya lo hacen un poco más”. 

 

El inicio no fue fácil: “Eran siete niños muy apegados a sus mamás, no entendían español, tenían miedo de convivir. Y sus madres comenzaron a ser etiquetadas, no sólo por el marido, sino por cuñados y suegras como malas e irresponsables.  Porque aquí, aunque trabajes tienes la obligación de cuidar de ellos. Entonces hicimos visitas domiciliarias para conciliar con más mujeres y sus familias”. Bertha también los estimulaba y  proveía de un régimen alimenticio. Pero la operatividad de Nchetik depende del gobierno y al no contar con presupuesto cerró en diciembre de 2018, dejando a 44 niños y 10 más en espera, sin estancia infantil.

 

En Zinacantán nadie tiene trabajo formal. “El gobierno federal justifica que había corrupción en las estancias infantiles, que el dinero irá directo a beneficiarios y ellos elegirán qué hacer con él. Para mi sorpresa, dijeron que sería un dinero extra para ellas y sólo cinco mamás expresaron -sí vamos a pagar-“. El monto que recibirán será de mil 600 pesos bimestrales por niño. Pero Bertha no se rinde: “Si soltera luchaba por esta equidad de género y oportunidades, en cuanto me caso y tengo una hija más. No se trata de aplastar al otro sino de sujetar al mismo, eso me da fuerza, porque como familia hemos trabajado estar al mismo nivel: mi esposo, mi hija y yo. Y me gustaría que muchas mujeres de aquí pudieran vivir esto. No sentirse menos que nadie, pero tampoco superiores que nadie. Me da mucha fuerza pensar que en algún momento mi hija pudiera equilibrar esta parte entre hombre y mujer, que también pueda luchar por las injusticias sociales”.