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Sara López

Sara López

“Pensando en mis hijas fue que me separé. Tenía que sobrevivir con algo, así que comencé a hacer mi pan” Sara Por Elizabeth Santana Sara López es panadera y trabaja en la Guadalupana, panadería que ella misma emprendió hace 8 años en Oaxaca. “Me casé y tuve un matrimonio ´como Dios manda, pero mi ex […]

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“Pensando en mis hijas fue que me separé. Tenía que sobrevivir con algo, así que comencé a hacer mi pan” Sara

Por Elizabeth Santana

Sara López es panadera y trabaja en la Guadalupana, panadería que ella misma emprendió hace 8 años en Oaxaca. “Me casé y tuve un matrimonio ´como Dios manda, pero mi ex esposo, padre de mis dos hijas, era violento y las cosas no funcionaron”.

En su localidad, durante noviembre todas las familias preparan pan para ofrendar a las ánimas. Así, la mayoría tiene noción del pan artesanal. Pero existen diferentes tipos de panadería y ella sabe hacer todos; hoy amasa hasta 30 kg diarios. También hace pasteles.

“Dure tres años casada, pero aquí existe la tradición de que si te casas tienes que aprender a sobrellevarlo y aguantar situaciones de violencia. Yo tomé otra decisión por mis hijas, que merecen respeto. Aunque el alcoholismo también es una enfermedad, la violencia no. Preferí separarme”. No ha sido fácil para ella y reconoce que existe un periodo de duelo “Apenas estoy saliendo, pero esa es la razón por la que trato de hacer funcionar la panadería y por la que participo en eventos, además de que organizamos la Feria del Pan, que este año celebra su 4ta edición, con el objetivo de empoderar mujeres para que encuentren cómo solventar sus necesidades”.

Las mujeres de su comunidad saben de los “cuadros de violencia”, pero también de la dependencia económica que las limita; por ello permaneces y guardan silencio. Las hijas de Sara estudian, pero también saben hacer pan y, aunque una de ellas presentó problemas para socializar a consecuencia de la violencia, ahora forma parte del grupo folclórico de su comunidad: “Me ayudo mi amiga Raquel. Cuando estaba casada trabajé en una ferretería. Agradezco a mi mamá que me enseñó a hacer pan y hornear postres porque de ahí surgió la idea de intentarlo”

En el pueblo de Sara es el primer año que incluyen a dos regidoras, un triunfo porque se rigen por usos y costumbres donde la figura del hombre es muy poderosa. “Hace cuatro años fui invitada a la Cámara de la Industria Panificadora a una venta de pan en el Centro Histórico de Oaxaca y la experiencia fue muy bonita y ahí pensé: ´ ¿Por qué no hacerlo con otras compañeras del pueblo?”. Así que nació la idea para que más mujeres pudieran vender sus productos. “Aunque nos cueste aceptarlo, somos muy poderosas. Quisiera que las mujeres que viven en situación de violencia en mi pueblo pudieran sobresalir, ser plenas y felices”