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Sara López
Sara López

¿Mi poder interno? Pensando en mis hijas fue que me separé, tenía que sobrevivir con algo, así comencé a hacer pan”: Sara

 

Por Elizabeth Santana

 

Sara López es panadera y trabaja en La Guadalupana, panadería que ella misma emprendió y que existe desde hace ocho años en el Municipio de Villa Díaz Ordaz, en Oaxaca. “Me casé y tuve un matrimonio, como dicen en el pueblo –como Dios manda-, pero mi ex esposo, el papá de mis dos hijas, era violento y las cosas así no funcionaron”. En su localidad, durante noviembre y aunque no se tenga el oficio de panadero, todas las familias realizan su propio pan para ofrendar a las ánimas. Es así que la mayoría tienen noción del pan artesanal, sin embargo, existen diferentes tipos de panadería acorde a la época del año y las festividades. Ella los sabe hacer todos y hoy día amasa hasta 30 kilos diarios, también hace pasteles.

 

“Duré tres años casada, pero aquí existe la tradición de que si te casas tienes que aprender a sobrellevarlo y aguantar ciertas situaciones de violencia. Yo tomé otra decisión por mis hijas, merecen respeto, porque aunque el alcoholismo en sí también es una enfermedad, la violencia no. Preferí separarnos”. Para ella no ha sido fácil y reconoció que existe un periodo de duelo. “Apenas estoy saliendo… pero esa es la razón por la que trato de hacer funcionar la panadería y por la que participo en eventos, además de que organizamos la Feria del Pan, que este año celebra su 4ta edición (27 – 29 de octubre), y donde el objetivo es empoderar mujeres, para que encuentren una forma de solventar sus necesidades”.

 

Ella y su comunidad de mujeres están conscientes de los “cuadros de violencia”, pero reconocen que existe una dependencia económica que las limita, por ello permanecen y guardan silencio. Sus hijas de Sara, que tienen 11 y 9 años de edad estudian, pero también saben hacer pan; y aunque una presentó problemas para socializar, consecuencia de la violencia intrafamiliar, ahora forma parte del grupo folclórico de su comunidad donde baila jarabe mixteco. “Quien me ayudó fue una amiga, Raquel. Cuando estaba casada trabajé en una ferretería, pero no he salido más ni tengo conocimiento. Agradezco a mi mamá que me enseñó a hacer pan y hornear postres, los hacía en mi infancia, así surgió intentarlo de esa forma”. 

 

En el pueblo de Sara este es el primer año que incluyen a dos regidoras, eso es un triunfo porque se rigen por usos y costumbres donde la figura del hombre es alta y la figura de la mujer es baja. “Cuatro años atrás fui por invitación de la Cámara de la Industria Panificadora a una venta de pan en el Centro Histórico de Oaxaca, la experiencia fue muy bonita y ahí pensamos ¿por qué no hacerlo con otras compañeras del pueblo?” Así continuó la idea para que más mujeres pudieran vender sus productos. “Aunque nos cueste trabajo aceptarlo somos muy poderosas. Quisiera que las mujeres de mi pueblo que viven en situación de violencia pudieran sobresalir, ser plenas y felices. Nos limitamos porque nos da miedo lo nuevo, pero esa es la función de este equipo. Sí se puede salir adelante aunque estés sola, todo está en el ánimo que le pongas a tu trabajo”.